domingo, 28 de marzo de 2010

Domingo, 28 de marzo de 2010



Everybody's got their dues in life to pay

Aerosmith

Hoy es uno de esos días en los que no tienes ganas de nada ni estás para nadie. Me levanté con ganas de llorar después de una noche asquerosa llena de pesadillas, con dolor de estómago y sin ganas de hacer absolutamente nada. Al final me he vuelto a teñir el pelo hoy por pasar la tarde, porque por ganas no sería. Después me he puesto a leer un libro que hacía unos días que tenía aparcado, hasta que la vibración de mi teléfono móvil acompañada de la melodía que tengo para el mismo, "Whole Lotta Love" de Led Zeppelin, me ha sacado de mi ensimismamiento.

Fingiendo, así llevo todo el día. Fingiendo que estoy bien y que no me pasa nada. Fingiendo delante de mi compañera de piso, fingiendo delante de mi mejor amigo y su moza, la cuál también es una gran amiga mía y esta aquí después de haber venido ni más ni menos que desde Toledo, fingiendo delante de los colegas con los que he estado hablando en general. Pero llega un momento que te cansas de fingir, y aunque lo intentes es demasiado evidente que algo en tí no está como debiese, y lo peor es que no hay razón alguna por la que estar así, ningún recuerdo, ningún acontecimiento que te afecte, nada...

Es uno de esos días que necesitas a los que más quieres lo más cerca de tí posible, aunque al mismo tiempo no quieras preocuparlos. Llamé a un par de personas hoy, dos de las personas por las que daría la vida y no obtuve respuesta alguna. Sé perfectamente que tiene una explicación lógica por supuesto, es más de una de esas personas la tengo, ya que me la ha dicho unos pocos minutos antes de ponerme a escribir esto. Pero de todas formas en el momento que ves que no obtienes respuesta, aunque sepas perfectamente que hay una explicación, con un estado de tristeza sin razón alguna pues duele.

Ahora mismo estoy mirando las fotos del corcho de mi cuarto mientras escucho una relajante canción de Lorena McKennit y pensando alguna razón que explique esta tristeza y decaimiento que llevo desde poco después de haberme levantado. Aún no lo encuentro, y no es que no lo encuentre, es que no lo hay. Odio esta sensación, porque por lo menos si estuviese así por algo pues podría decir es por esto, o intentar buscarle una solución, pero en estos casos me siento tan sumamente impotente conmigo misma que llego a entristecerme aún más.

Solo deseo que cuando me acueste hoy todos estos pensamientos turbios y este sentimiento de tristeza desaparezcan para sumirme en mi mundo nocturno de sueños, sí, es un sueño, pero es lo único que es verdaderamente mío y que nada, absolutamente nada ni nadie podrá arrebatarme nunca.

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